PIA+S

Transforma Alimentos

Plataforma de Información en Alimentos Saludables

Archive: Ene 2016

  1. Impresoras 3D: Una opción para mejorar y facilitar el consumo alimentario del adulto mayor

    Leave a Comment

    Los años pasan rápido. Lo notamos cuando observamos nuestro contexto y las generaciones antecesoras nos lo hacen más evidente cuando contrastan y comentan cómo era todo en sus años mozos. Y todos estos cambios que en un golpe de conciencia pueden abrumarnos, nos llevan a cuestionarnos cosas ¿Y cómo será cuando llegue a esa edad?, ¿Qué tan diferente será todo?, ¿El avance de la tecnología será más inclusivo y amistoso para el adulto mayor?, ¿Será más fácil mantener hábitos y preferencias alimentarias en comparación a la generación de nuestros padres o abuelos?

    Pues bien, teniendo en cuenta que el envejecimiento de la población es un problema global, estas preguntas también se las han planteado grupos de expertos, entre ellos ingenieros, diseñadores y otros profesionales del área de alimentación, en busca de respuestas y mejoras para nuestro futuro. Parte de las propuestas más llamativas es el desarrollo de impresoras 3D de alimentos, para uso doméstico.

    Es cierto que en términos organolépticos (todo lo que puede ser percibido por los órganos de los sentidos) esto puede sonar poco atractivo, pero estas impresoras no sólo buscan simplicidad y eficacia a la hora de realizar un plato de comida, sino también buscan solucionar problemáticas de consumidores con necesidades especiales, como por ejemplo, la falta de nutrientes específicos, la desnutrición, e incluso la disfagia (problemas de deglución) en el adulto mayor. También se consideran la textura y dureza de un alimento, que pueden dificultar o impedir su consumo para alguien que sufra de estas condiciones.

    Desde el año 2012, un grupo de naciones europeas, en colaboración con la agencia alemana Biozoon Food Innovation, están desarrollando el producto PERFORMANCE (Personalised Food Using Rapid Manufacturing for the Nutrition of Elderly Consumers). Este proyecto está 100% enfocado en mejorar y facilitar el consumo alimentario del adulto mayor tanto para uso doméstico como para prestar servicios en casas de reposo. Si bien esto suena bastante innovador, éste no es el único proyecto de impresora de alimentos en vías de desarrollo. Estados Unidos y España están desarrollando proyectos similares, como por ejemplo Foodini o Chefjet, enfocados en el uso doméstico, profesional y por supuesto, como una gran apuesta al desarrollo tecnológico que nos acerca a un futuro con sabor a ficción.

    El principio de estas impresoras es similar en todos los casos. Al igual que una impresora de tinta, éstas funcionan con un set de cartuchos que, en este caso, son rellenables con alimentos frescos, procesados previamente en el hogar. Una vez que se define y se comanda el tipo de producto a crear, la impresora va dosificando por capas el alimento poco a poco sobre una superficie determinada para servir. En el caso que sea necesario, por ejemplo, al ser una masa, esta mezcla impresa puede ir al horno para terminar su cocción, o si se trata de alguna salsa o pasta, puede quedar lista para servir.

    Otro caso muy interesante es el de Edible Growth, de Chloé Rutzerveld. Éste es un ejemplo de “Concept Food” que va un poco más allá en términos de sustentabilidad y experiencia de consumo. Se trata de imprimir módulos 3D con organismos comestibles, que al cabo de tres a cinco días estarán listos para su consumo, sin necesidad de otra preparación.

    Muchos antropólogos alimentarios nos ejemplifican cómo se proyectaba el futuro de nuestras comidas con referentes de la ciencia ficción como “Blade Runner”, donde la percepción del “lujo” es comer alimentos comunes, naturales; o particularmente en “2001: Odisea del Espacio”, donde la percepción del bienestar y comodidad consisten en comer platos similares a los de ahora, bajo parámetros tecnológicos que ya han resuelto todas nuestras posibles necesidades. Aunque el contexto social sea diferente, estas tendencias se aproximan bastante al fenómeno de la alimentación actual, que busca volver a lo natural, y a la vez, simplificar al máximo los servicios de consumo para todos los tipos de consumidores.

    Aunque a muchos les pueda incomodar la idea de este tipo de productos, este tipo de innovación puede significar un cambio fundamental en la vida de un gran porcentaje de la población mundial, la que sigue envejeciendo a gran escala.

     

    https://www.youtube.com/watch?v=P2n83VMn0TU

     

    Ver vídeo:  Tecnologías alimentarias

    Autor: Natalie Devenin

  2. Formar una cultura saludable, un desafió país

    Leave a Comment

    Luego del lanzamiento del último estudio Chile Saludable surgió una postura ante la falta de educación, diversidad y accesibilidad a los alimentos funcionales y a una vida sana. Los comestibles diseñados para beneficiar la salud de las personas son un rubro que aún no madura y que tiene el gran potencial de posicionar a Chile como líder de antioxidantes a nivel nacional. “Nuestro desafío país es formar una cultura saludable”, señala Andrés Barros, gerente de Alimentos de Fundación Chile.

    Junto a su equipo considera que existen tres puntos relevantes para promover el mercado de los alimentos funcionales a nivel nacional: formar al consumidor, ampliar la gama de productos e impulsar a las empresas de consumo masivo para que incursionen en esta industria. “De hecho – agrega- el 43% de los chilenos piensa que comer saludable es comer sólo ensaladas. La oferta de productos es reducida y por lo general tienen un alto costo”.

    Elaborados para mejorar la salud o reducir el riesgo de contraer enfermedades, los alimentos funcionales están diseñados para cumplir una función que aporte al bienestar de las personas. Nutrientes como minerales, vitaminas, ácidos grasos omega 3 o antioxidantes se adicionan a ciertos alimentos con el fin de aumentar sus beneficios. En el mercado nacional existen líneas para distintos consumidores que refuerzan o previenen condiciones específicas que los afectan.

    Tal como indica el estudio Chile Saludable, desarrollado por Fundación Chile y con la colaboración de GfK Adimark, el mercado de los alimentos de la categoría de salud y bienestar en el país registró durante 2012 ventas anuales en retail de US$ 3 billones, de los cuales un 40% -alrededor de US$ 1,2 billones- corresponde a la subcategoría de alimentos funcionales.

    “Chile dispone de frutos con propiedades antioxidantes y tiene el potencial de ser un referente mundial. Ya somos exportadores líderes en arándanos y berries, vitivinicultura y frutos de alta potencia como el maqui o el calafate. El desafío está en agregarle valor a las materias primas y llegar con buenos productos al retail a través del conocimiento de las necesidades que mueven a los consumidores internacionales”, señala Barros.

    En la actualidad, el mayor desarrollo de este rubro en el país se ha enfocado en la industria láctea, donde se añaden prebióticos, probióticos, fibras y estanoles vegetales a sus productos, con el fin de darle funcionalidad, de modo que aborden desde la salud digestiva hasta la salud cardiovascular. Aun así, el reglamento sanitario de los alimentos en Chile no cuenta con una definición formal para esta categoría y sólo hace referencia al uso de descriptores y mensajes saludables.