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Aysén apuesta por el calafate y la morilla como los próximos alimentos estrella del país

Publicación: 29 - 04 - 2016 - Fuente: www.elmercurio.cl

El fruto con mayor cantidad de antioxidantes y el segundo hongo más caro en la cocina internacional son parte de las riquezas silvestres que esconde la Patagonia.

“Aquí no todo es ganadería, cordero y jineteadas. Hay muchas riquezas escondidas en este rincón del planeta”, dice convencida Claudia Gómez, ingeniera agrónoma e investigadora del Instituto Forestal (Infor) de Coyhaique.

En el corazón de la Patagonia, los habitantes de la región menos poblada del país crecieron conociendo -y comiendo- muchas de esas riquezas. Pero solo en los últimos años han comenzado a valorarlas como una opción productiva.

La morilla o Morchella -un hongo que en esta región se encuentra en bosques de ñirre y lenga-, y el calafate, fruto pequeño y de color azulado que crece en praderas de la Patagonia chilena y argentina, son dos de los tesoros de la región que se están convirtiendo en fuente de nuevos emprendimientos.

Hace siete meses el Infor Patagonia se sumó a este impulso con un proyecto que apunta a diversificar la matriz productiva regional potenciando estos dos productos forestales no madereros (PFNM), además del maqui y la rosa mosqueta.

Plata botada

“Es plata que cae del cielo”, “es plata tirada en el suelo”, le han comentado a Claudia Gómez algunos recolectores de morilla. Y es que, dice la investigadora y coordinadora del proyecto, “en el mundo gourmet -especialmente en Europa- es un hongo tan apreciado que se ha vuelto el segundo más caro después de la trufa”.

Cada primavera los recolectores de morilla -la mayoría mujeres- caminan largas horas para adentrarse en los bosques donde el hongo crece. Mantienen en secreto los mejores lugares de recolección. No es extraño, considerando que un kilo del hongo fresco se paga entre $5.000 y $6.000, mientras que el kilo seco puede oscilar entre $60.000 y $120.000.

“Aunque sea plata que cae del cielo, hay que introducir el hongo en la cadena de mercado”, dice Gómez. La idea es hacerlo sin abusar del recurso y su hábitat. Con fondos de Conaf, entre 2013 y 2014 la investigadora junto a expertos de la U. de Concepción y el SAG de Coyhaique elaboraron un manual para la recolección sustentable de la morilla patagónica y en 2015 compartieron estas prácticas en talleres con recolectores locales.

En tanto, el proyecto del Infor apunta a darle un valor agregado al hongo y fortalecer a las comunidades de recolectores locales. Apoyados por ingenieros y tecnólogos en alimentos, recorren la región en un container móvil enseñándoles a deshidratar el hongo y convertirlo en productos como condimento, conservas o patés; sacar resolución sanitaria y obtener así un valor agregado.

Para diferenciarse de la morilla que se recoge en otras regiones, dice Claudia Gómez, “queremos posicionar la morilla patagónica como un producto único, que crece en bosques nativos y libres de contaminación”.

Clonados

Por ahora, el calafate ( Berberis microphylla ) es conocido principalmente en su lugar de origen: la Patagonia chilena y argentina. Pero el secreto no durará mucho. Su capacidad antioxidante lo convierte en un superalimento que supera a cualquier fruto conocido. Según análisis del Inta, la actividad antioxidante del calafate fresco es de 25.662 ORAC: cinco veces más que el arándano y 25% más que el maqui.

En los últimos tres años, a las tradicionales mermeladas y licores de esta baya se han sumado iniciativas locales que aprovechan esta virtud.

“El problema es que el arbusto se consideraba una maleza, y lo cortan mucho para ocupar los campos para ganadería”, lamenta Carolina Jara, propietaria de SurYuis, un emprendimiento que fabrica jugos y concentrados de calafate con un proceso en trámite de patentamiento que conserva gran parte de sus antioxidantes.

Mauricio Manríquez, creador de Kon, un polvo de calafate liofilizado, coincide. “Esta temporada fue difícil conseguirlo. A nivel local se está haciendo mucho producto artesanal para el mercado del turismo y a largo plazo esta escasez va a aumentar”.

Para evitarlo, el Infor sede Patagonia inició un proyecto para domesticar el calafate y así poder cultivarlo.

Este verano se realizó una prospección en toda la Región de Aysén para identificar los mejores individuos para uso agroindustrial.

“La selección se hizo en base al poder antioxidante, calibre, número y largo de las espinas”, explica Iván Moya, investigador a cargo del proyecto. En abril tendrán los resultados para comenzar a multiplicar las plantas seleccionadas en viveros. Esperan tener los primeros frutos clonados dentro de unos cuatro años.

Si el cultivo da resultados, no solo se beneficiarán los productores locales. “La alta presión sobre esta planta nativa la puede volver vulnerable, por lo que este proyecto ayudará también a su conservación”, subraya Moya.

Para Carolina Jara es también una vía “para que su precio se haga más asequible y más personas puedan producir y consumir productos hechos con calafate”.

 

Paula Leighton N.
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El Mercurio

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